En tiempos de sueños aletargados por visiones perentorias y satisfacciones inmediatas, salimos a preguntar qué es lo que el Tango quiere ahora y cómo lo quiere. Sorpresa, gesto sonriente que busca con aire irónico ganar tiempo a fin de armar una respuesta más o menos interesante.
Hay quien rasca su oreja, quien baja la cabeza, quien retira la mirada buscando en el vacío alguna iluminación. Tarde o temprano se dice, se repite, eso de “guita, formar parte del sistema, del mercado del show, guita y más guita, reconocimiento, fama, triunfo, guita”. Nada reprochable acerca del bienestar económico pero, evidentemente, estamos hablando de otra cosa: la pulsión que tiene que ver con una identidad basada en el participar de los tiempos que corren. Tal vez, hasta haya un dejo de punto de vista del colonizado buscando servir, entretener, al colonizador. Claro, se mencionan los shows para turistas de San Telmo, Barracas, Abasto; se mencionan los innumerables espectáculos que viajan por el mundo contando la misma historia del Tango acrobáticamente y a los gritos; se menciona el afán de armar una orquesta para tocar afuera y hacer diferencia pero sin arreglos ni obra propia sino con transcripciones de Pugliese o de Piazzolla con repertorio conocido para el baile ocasional. Esto no solo sucede en estos lares. Inolvidable la anécdota de aquel director de orquesta de Tango en Europa componiendo una milonga con palabras en japonés para llegar a ese mercado, no había otro objetivo sino el comercial. El arte, ¿puede ser un hecho comercial? ¿Qué se pierde allí? Nuevas preguntas. ¿Es posible un Tango real y profundo que venda masivamente? Parece una utopía. Quizás lo que se esconde bajo esta mirada crítica acerca del posible mercantilismo del Tango actual sea una nostalgia de la artesanía, del compromiso con una identidad, de la íntima fragancia jazminera de esta danza privada, de ese silbido al atardecer. Una nostalgia que no tiene que ver con la cronología generacional o la conservación de valores perimidos, sino nostalgia del siempre actual origen del Tango, nostalgia del Misterio que lo hace. Porque, es cierto, este mundo mercantil globalizado ha borrado el Misterio de las cosas, les ha quitado el velo, la capacidad de seducción, y una gran pornografía es la que impera, cuerpos fragmentados, ideas dispersas, caminos breves. El Tango no tiene nada que ver con eso. De ahí que la identidad sea tan importante. Una identidad que late en tantos artistas, en los nuevos y en los viejos. Tal vez no sean muchos, pero se hacen oír. Abran cancha, que siempre están llegando.
Fabián Russo.