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Enviado por Albert   
jueves, 24 de mayo de 2007
Nos conocimos bailando en el Tasso, nos gustó como bailabamos, sobre todo milonga. Nos hicimos amigos, encontramos que a ambos nos gustaba escribir. Un día vi en el subte un concurso: "Cartas de Amor", y le sugerì que queria participar. Yo, con una que le mandaba a ella y ella, con su respuesta. No figuramos ni a placè. Quizàs a Uds. les interese leerlas. Todo puede ser en el planeta-tango.

 

Mi querida B.:

No sé si este domingo tendré ese placer, semana a semana, de bailar contigo. Mi ahijada cumple años y probablemente los festeje, precisamente en ese día. No puedo no estar allí. No por ella - seguramente podría prescindir de mi presencia- sino pare llevarle algunas nomeolvides.

Tengo un recuerdo muy fuerte de esa flor: no màs de cinco años y yendo hacia la cama de mis padres. Del lado izquierdo veía palpitando a mi madre y ofrecí mi ramo la mañana de su cumpleaños.

Cuando te saqué a bailar me impactó tu ropa: en tela negra piedras negras enmarcaban a tu cuerpo y a tu cuello. Mientras recorríamos la pista mi mirada no podía eludir ese destino: clara tu piel y el obscuro marco, mientras intentaba acallar un palpitar dentro del pecho que en el abrazo de tango se delata.

De madres hablando te cuento que la mía era de damas vestir. Una de las más importantes de Buenos Aires, en aquella época, cuando las mujeres se cubrían a medida. Aún hoy hay un cine argentino que la recuerda si entras en alguna vieja casa de video. Quizás alguna vez la verás conmigo.Antes de conocerte ya estaba en el olvido.

Con esto quiero decirte que mi habitual desarraigo en el vestir se contrapone con un cierto - digamos - gusto afinado por el atuendo femenino. Producto, quizás, de tantos años - los principales - de ver mujeres vestidas y, a veces - las más - dada la inocencia infantil permitida, demasiado desvestidas.

Te cuento y caigo en la cuenta que cierta perversiòn voyerista que me caracteriza bien puede tener un origen en esa historia de niño apareciendo repentino frente a los espejos de jóvenes señoras auscultando detalles que seguramente sus amigas no perdonarían.

Fue encantamiento bailar esa milonga contigo. Tuvo-y creo que tampoco te fue ajeno-un deslizar sutil sobre la trama de madera obscurecida por tantos pies que giran y giran como en busca de un destino. Y la gracia de tus hombros bajando...subiendo...al compás de picardías que esa música nuestra te suscita, nos suscita.

Me sorprendió de mi, mas no de vos, con que suavidad acariciaban nuestros pasos ese piso caoba tan negro como la tela que te envuelve, te oculta y te disuelve.

¿Por qué no volví a ti cuando la música se incitó nuevamente en nuestros cuerpos? Quizás el temor hizo la duda.Habrás visto seguro, Matador, de tu ídolo Almodovar: los amantes prefirieron elegir su propia muerte a profanar la maravilla del instante. Como ese que viví contigo en el momento y me gritaba la esperanza de mis sueños prometidos y si era bueno, volver a dar el corazón. Fuí cobarde ante los miedos y confieso espero el fin del fin de esta semana con las ansias de recorrer la pista de esa tanguería que mira hacia el Lezama, bailando ese tango que resucita nunca muere, así como el amor lo hace y vuela hacia ti en el beso que te anhela.

 

Alberto Tassitano.

Esta carta fue titulada en el concurso como Fenix

(Nota de SentirTango: La carta que fue escrita por la amiga de Alberto, en respuesta a esta, la hemos publicado aparte. Podés ir directamente a leera, cliqueando aquí )

 

 


Comentarios de usuarios

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Escrito por rebruno el jueves, 07 de junio de 2007

Pude ver al niño deslizarse entre mujeres que se probaban la ropa.
Pude ver al adulto estremecido por la mujer. Me gustó mucho.




Escrito por cacholo el lunes, 28 de mayo de 2007

El piso oscurecido del Tasso.... Cuantas veces he mirado ahcia abajo y he pensado: "Aqui se ha bailado mucho el tango"...¿Será cierto o producto de mi fantasía?¿A quien le importa si yo SI que he bailado ahi muchos tangos?
Gracias por las descripciones voyeuristas.


 
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