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Enviado por Ventarrón   
jueves, 12 de abril de 2007

Vivimos en la era de la Globalización...

¿Y qué será la tan mentada Globalización? Dice Bill Gates, que de esto sabe un poco, que este fenómeno no es, ni más ni menos, otra cosa que comunicaciones rápidas.

Así que también podría decirse que vivimos en la era de la Comunicación.

Y sin embargo, jamás, como hoy, nos encontramos tan solos, tan aislados, tan alienados (la raíz latina de este término significa algo así como falto de lazos o ligazón con nuestros semejantes y nuestra realidad)...

Internet nos comunica, en tiempo real, con personas de todo el mundo, aunque pocas veces sabemos quién es, realmente, nuestro interlocutor, tan sólo estamos anoticiados de quién dice ser.

Podemos elegir entre cientos de canales de televisión por cable, pero seremos afortunados si hallamos un par de ellos que nos muestren cosas dignas de verse o nos entreguen un mensaje que merezca ser recordado.

La mayoría de nuestros jóvenes han adoptado una cada vez más exasperante economía dialéctica y raramente intercambian con nosotros algo más que monosílabos.

Observamos, en los cyber, gentes como hipnotizadas frente a los monitores, chateando con otras gentes que, quizás a miles de kilómetros, quizás a dos PC’s de distancia, inventan historias en las que cada uno asume la personalidad que desearía tener o la que conviene a ese juego en particular.

Vemos, en las actuales reuniones bailables, a hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, bailando solos o con movimientos y actitud totalmente disociados de su partenaire. Solos frente a un espejo. Solos en medio de la pista. Solos aún acompañados. Solos. Casi absoluta falta de contacto.

Modernas formas musicales con base eminentemente rítmica, donde la letra, si acaso existe, es lo menos importante. Nada que decir.

Sonidos estridentes que tornan prácticamente imposible la conversación, y que aunados a efectos visuales acordes, invalidan toda otra forma de comunicación.

La superficialidad y la despersonalización son moneda corriente en una sociedad que se torna más y más deshumanizante, apresurada y competitiva, características sintomáticas de la incapacidad de las generaciones más jóvenes (especialmente), de acomodarse al status quo o aclimatarse a la cultura predominante. Nuestros muchachos no se sienten en casa. Están alienados, como la mayoría de nosotros.

¿La era de la Comunicación? Más bien el imperio de la Soledad.

Afortunadamente, como dicen los viejos milongueros: “El tango te espera después de los treinta”... aunque observamos una cantidad creciente de jóvenes que visita los bailongos y se interesa por el gotán.

Es que la tanguedad representa, en los tiempos que corren, una auténtica contracultura. No sólo a partir de su estructura musical totalmente diversa de los ritmos imperantes. No sólo por la belleza y la verdad que campea en sus letras. Sino fundamentalmente porque nos posibilita recuperar el abrazo; el contacto; la comunicación corporal con el otro, y relacionarnos con el entorno. Porque nos permite reencontrarnos con la música y la poesía. Porque posibilita y estimula el diálogo de cuerpos y espíritus durante el desarrollo de cada tanda y la charla cuando la música ha cesado.

Veamos algunas opiniones al respecto:

“A diferencia de las danzas de pareja apenas enlazadas, el Tango supone el agarre de los cuerpos, que hacen alarde de sensualismo, en desplazamientos pautados pero con cierto margen para la improvisación. Un hombre y una mujer, solos y unidos, en movimientos integrados y disociados a la vez, se mueven apretados, concentrados. Forman un núcleo en el que no se habla para no distraerse. Los cuerpos se cierran a cualquier interferencia del mundo circundante” Sergio Pujol: “Historia del baile”. Emecé Editores 1999.

“Los jóvenes se dan cuenta de que algo pasa con el Tango. Al bailarlo los pibes recuperan el sentido del abrazo entre un hombre y una mujer. Porque bailar en serio –y esto no es referido a pasos y figuras, sino al sentimiento- es una comunión maravillosa, que no tiene que ver con lo sexual, sino con algo profundo, esencial, que puede ocurrir con un hombre y una mujer en sintonía, con una música y una letra” Juan Carlos Copes: Quién me quita lo bailado. Con Mariano del Mazo y Adrián D’Amore. Editorial Corregidor. 2001

“... Para trasladar el mensaje en plenitud, además de ejecutar las mejores figuras, caminar con garbo inigualado, y darle un colorido interpretativo, hay que posesionarse de la fuerza interna que nos transmite el tango en el preciso momento de ponernos a bailar, hay que concentrarse en el infinito, abandonando todos los exteriores que pueden perturbar la entrega, llegando al mismo fondo de la danza, para poder mostrar el secreto indescifrable que contiene. Así buscamos la danza perfecta, el colorido y los matices exactos al pintar la tela del ensueño, la manera sublime de expresarse. Así llegamos al tango justo, al tango superior, al tango cumbre, al que solamente podemos llegar volcando la cuota de corazón necesaria, para hacerlo conmovedor y humano...” Carlos Alberto Estévez “Petróleo”

De manera que aquellos que se niegan a continuar aislados, los que se revelan ante la cultura predominante, hallan en el tango -amén de los méritos evidentes de sus formas musicales y literarias- un vehículo idóneo y placentero para reencontrarse con su semejantes y realizar un viaje, placentero y revelador, hacia su propio interior. Lo que se dice una auténtica contracultura.

 

Ventarrón

 

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Comentarios de usuarios

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Escrito por Sel el sábado, 21 de abril de 2007

Creo que hay más que el vínculo animal o el juego de conquista. Vamos, si es por conquista no es mejor bailar tango que ir a bailar a cualquier boliche, en donde ya no se va a "bailar" (partiendo de que la música es casi imposible de bailar...) y donde las muejeres están mucho más dedicadas también al juego de conquistar...
Estoy de acuerdo con Ventarrón, yo comencé a ir a bailar tango a mis 20 años y si hubiese sido solo el tema de la conquista no hubiese seguido yendo ya estando conviviendo en pareja...





Escrito por Nali el viernes, 13 de abril de 2007

Realmente este artículo me pareció sumamente interesante, ya que es una de las tantas explicaciones coherentes que lei con respecto a éste conjunto se sensaciones, tan raras y tan fuertes, que produce éste amante fervoroso, ardiente e inigualable llamado TANGO.
Te felicito Ventarron. Buenisimo.
Analia




Escrito por TangueroZarzuelero el viernes, 13 de abril de 2007

En estos tiempos de soledad y falta de comunicacion real(cualquiera con un minimo de sensibilidad lo puede apreciar) la innegable profundidad del tango llama a la puerta del alma del hombre. Adelanteeeeee! pase y pongase comodo.
Le felicito por su articulo ya que toca varios puntos del momento y la sociedad actual en la que vivimos(en mi pais no es muy diferente de como usted lo plantea), y los relaciona con el momento actual de la que es mi gran pasion,y que no deja de sorprenderme dia a dia, el TANGO.

un saludo y gracias-

ALB 






Escrito por JuanCarlosBaez el viernes, 13 de abril de 2007

Ventarrón,muy buena nota. Pero no hay que olvidarse que el baile, cualquiera sea, y de la forma que se muevan, se abracen o nó, es la danza que el macho conquista y enamora a la hembra (en casi todas las especies animales), convengamos que el tango por su misma estructura de baile es uno de los más sensuales, y a lo mejor, la juventud está viendo una buena herramienta para la conquista...como siempre lo fue.

Esto nos contaba Iván Diez en su poema "Carnaval":

Te la sacan después en un tangazo,
sabiendo que esas minas son chambonas,
los potis encajando buena gamba,
fortifican la acción con la parola

Te saluda Juan Carlos.




 
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