No deja de llamar la atención la particularidad de esta expresión a la que denominamos tango. Sobre todo en su danza encontramos algo muy atractivo; es el encuentro de los sexos que proclama consideración en medio de una tendencia social
andrógina, que tiende a anular el vínculo entre el hombre y la mujer.
La sociedad Occidental ha llegado a un límite extremo en lo que respecta a la sexualidad (y en muchos otros aspectos también), la vulgarización de ésta es inminente y llega a finales tétricos. Los medios de comunicación, entre ellos la televisión y demás, difunden contenidos toscos, descuidados, erróneos y excesivos que desalinean el desarrollo natural, vincular. Las generaciones entrantes son las que absorben esto como lo común y cotidiano. Pero no es solamente el material que recorren las pantallas lo que termina modelando las relaciones humanas, sino que es el tipo de relación que instaura también la tecnología, lo curioso. Es, según S. Bauman, el amor líquido, las relaciones efímeras formadas mediante conexión-desconexión por internet, teléfonos celulares, etc. lo que modela las almas de las entrantes generaciones imprimiendo un estado de incontinencia, de
labilidad.
En contrapunto, resurge el tango porque es justamente lo que a la sociedad le falta, es el grito del alma que imprime significación, aportando una respuesta, un orden. Viene a marcar límites, bordes por donde transitar, por dónde danzar, por dónde caminar la vida. Marca un ritmo de diástole y sístole, al compás del corazón, al compás del pulmón, que nos remite al ritmo originario,
ontogenético y universal. Nietzsche decía que no creería en ningún dios que no sea un dios danzante. Menciona también a la música como originaria del universo. De lo que podemos concluir que danzar al ritmo de la música es conectarnos con la creación, no sólo del ser humano sino del universo.
Así que la manifestación original de la energía psíquica, cuando se convierte en una manifestación cultural, está asociada al ritmo; no es un movimiento motriz al azar, sino un movimiento rítmico. Jung dice que es el principio de la forma espiritual del instinto. Obtener energía psíquica para manifestarse rítmicamente es la primera forma en la que se manifiesta espiritual o culturalmente
(Marie Luis Von-Franz: Sobre adivinación y sincronicidad. Paidós 1990 pág. 127)
El tango pide certificado de origen y esto no debe ser pasado por alto. De hecho, las generaciones entrantes se ven cada día más atraídas hacia él. Causa a muchos estupefacción ver bailar a la gente joven, es que son ellos mismos los que no dan cuenta que el tango siempre fue joven. Pero muchas otras veces ocurre que la gente mayor se reconoce en aquellos jóvenes, enlazándose un puente mágico, identificatorio, que aúna a tres generaciones.
La
homeóstasis_psíquica pregonada antaño por C. G. Jung, una vez más muestra su cara compensatoria, esta vez de la mano del abrazo.
Ignacio Lavalle.