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Enviado por Lauragil   
martes, 27 de febrero de 2007
La sombra de su esbelta figura se refleja en las baldosas lustradas de la pista de baile. Por momentos su sonrisa la ilumina.
Fabienne, dejó las luces parisinas para conocer la noche de Buenos Aires, con la que tanto había soñado.

Ella había aprendido a bailar tango con sus maestros argentinos, quienes le transmitieron, como suelen hacerlo los maestros de buena madera, su pasión por el dos por cuatro.

Luis y María le contaban historias fascinantes que la dejaban como flotando en un sueño de giros, trompos y figuras…ella, imaginaba la noche porteña de otros tiempos: el guapo y el farol; los zapatos de charol y el pelo engominado; la elegancia y el clavel en el ojal, hasta podía sentir la fragancia del caballero impecable que la invitaba a bailar.

Un día decidió hacer suyas todas esas historias aprendidas de memoria. Llegó a la Argentina con muy poco equipaje,  solo algunas prendas básicas y por supuesto: “sus zapatos de bailar”, esos que la harían deslizar suavemente en la tierra del tango. Cada repiqueteo del taco dejaría su huella, y así también sería parte de la historia…por primera vez protagonista.

Lo primero que descubrió fue que la calle Corrientes no tenía adoquines ni faroles, ni guapos en las esquinas.

Los hombres no llevaban el cabello engominado, ni siquiera un clavel en el ojal. La tan anhelada ciudad era similar a tantas otras que había visitado, sin embargo ésta, tenia lo que ella buscaba: “la milonga” como solía llamarla.

Recorrió los barrios en los que con su imaginación ya había estado. La calle Caminito en la Boca, Barracas, el Puerto, San Telmo, Boedo, Puente Alsina. Recreó (con ojos nuevos), todas aquellas escenas de cada historia contada por sus queridos maestros.

Todo era perfecto, por primera vez en mucho tiempo se sintió feliz.

Se dirigió al hotel. Esa noche iría a la milonga.

Sacó de su valija su vestido negro, su chal y sus zapatos bailadores.  Se vistió cuidando cada detalle, con la nerviosidad de la primera cita. Es que el tango era para ella, el amante deseado, quien la había acompañado en tantas noches de soledad, y sin embargo, en esa noche azul, le vería por primera vez el rostro.

En cambio él, estaba muy tranquilo, seguro del poder que ejercía sobre ella.  Sabía que sus acordes eran las caricias más suaves y sus compases las palabras de amor más bellas. Era consciente de que cada nota despertaba en ella pasión y esa conjunción de sentimientos maravillosos la harían estremecer.

Fabienne llego al salón de baile y cuando atravesó la puerta sintió que el tiempo se desvanecía. Los hombres, llevaban el pelo engominado, los zapatos de charol y por supuesto claveles en el ojal. La orquesta era imponente, el bandoneón: la gran estrella.

Después de hacer un inventario minucioso de cada rincón, como tratando de guardar en su memoria aquella imagen para siempre, se dirigió hacia una mesa, y el mozo se acerco…

-¿Espera a alguien Señorita?

-Si Señor - le contesto- y he venido de muy lejos para verlo.

-Oh, debe ser muy afortunado el caballero, ¿puedo ofrecerle algo para beber mientras lo espera?,  ella solo asintió, mientras transcurría un tiempo fuera de aquel  tiempo…

Mas tarde alguien la invitó a bailar.

Bailó.  Bailó con mucha elegancia, sintió su cuerpo ágil deslizarse suavemente por la pista (como si no le perteneciese). Bailó, hasta que las luces del amanecer indicaron el comienzo de un nuevo día.  Vivió su sueño, soñándolo por fin de veras, y fue tan hermoso y tan claro y evidente que se dio cuenta de que al tango, nunca le conocería el rostro. Supo que él habitaría en su corazón eternamente porque él, y nadie más que él, era capaz de amarla de esa forma.

Laura Gil


Comentarios de usuarios

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Escrito por bardo38 el lunes, 05 de marzo de 2007

Mirá Laura, lo que escribiste es sumamente delicado y llega al alma. Soy un viejo milonguero de 69 años, y al leerlo me emocionó, encontraste un camino descriptivo acertado. El error fué que al hacerme leer esto me metiste una basurita en el ojo y me costó laburo terminar de junar el estofado. El tango me golpetea el corazón y le impone su palpitar. La melodía me acuna en un sueño que sueño soñando que bailo. Gracias por mostrar los ensueños que anidan en tu corazón, seguramente sos una mina macanuda. Chau che, un abrazo milonguero desde Bahía Blanca.




Escrito por ebinda el jueves, 01 de marzo de 2007

Excelente. Confieso que como no soy bailarín, casi siento envidia de quienes "sienten" así mediante la danza. Pero me consuelo rescatando que también es posible tener vivencias equivalentes, mediante la música. ¡Ah, mis amadas décadas del '10 y del'20! Esa tremenda clave, explicación de lo inexplicable, que sintió Fabienne de que "el tiempo se desvanecía"... ¡es haber hallado la piedra filosofal del tango!. Me sucede a medida que voy dejando calentar mi Wincofón (los prefiero a válvulas), comienzo a buscar un álbum... En uno, Pacho me dice "¿Ché, Enrique, que te parece el último tango que grabamos...? Le digo "¡Vamos todavía!, los arreglos cada vez dejan más independencia a los instrumentos"; Hojeando otro, Firpo me confirma su convencimiento de que con piano y dos violines permitiendo los "contracantos", se abre camino al futuro... Si llego a tener en mis manos los discos de Arolas, bueno... sólo puedo decirle "¡Tocá lo que quieras, qué te puedo sugerir!" Si es Fresedo de 1922 o 23, le digo "¡Tus arreglos, en los que conjugás distintos grados de intensidad interpretativa, pasando de murmullos a delicadas explosiones musicales, son la vanguardia! ¡Qué sensibilidad que tenés!".
Como diría Lobsang Rampa, me mando flor de viajes astrales penetrando en los estudios de grabación, mirando y curioseando, pero sin hacer nada que distraiga a los músicos. Y mucho menos, algún ruido que arruine la "toma".
Es el gran poder de nuestros espíritus individuales, que pueden obviar algo tan limitado y poco importante como el tiempo, llevándonos integralmente, con todos nuestros sentidos, a otros momentos... Y cuando en medio de todo, suena el teléfono, ese mismo espíritu nos permite volver al hoy. Que en alguna medida, es donde estamos condenados a estar.






Escrito por LSantinelli el miércoles, 28 de febrero de 2007

Maravillosa metáfora: Tango - Amante sin rostro. Yo interpreto esta ausencia de rostro como multiplicidad de ellos.
Me voy saboreando esta idea.

Leo.




Escrito por oconde el miércoles, 28 de febrero de 2007

Es muy interesante la construcción de esa relación entre Fabienne y ese "amante soñado", que encierra un misterio muy propio de lo que el tango es. Está perfecta la gradación: el modo en el que ella decide el viaje, recorre al llegar los lugares de los que le hablaron, la preparación morosa, llena de cuidados, para ir a la milonga y, por fin, el sueño hecho realidad.
Me gustó realmente.




Escrito por Xime el miércoles, 28 de febrero de 2007

Aquí la pluma de quien escribe es notable. Con suma delicadeza ingreso al viaje de ensoñación, permitido por el fluir de elementos simbólicos que crean ambiente, emociones y detalles de escena, hasta lograr en uno la fantasía de ese sueño, tantas veces soñado. Sus descripciones transfieren con excelencia interioridades de nuestro mundo femenino. Siento que el relato es perfecto, nada falta y nada sobra. Es de un realismo mágico sorprendente, como alguno de mis sueños. Es un fiel reflejo de una de tantas fantasías femeninas giradas en torno al tango, que se hace universal.


 
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