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Enviado por Centro de Estudios Gardelianos   
martes, 06 de febrero de 2007

(Nota de SentirTango: Si no leiste todavía la primera parte de este artículo te recomendamos hacerlo antes cliqueando aquí)

Gardel protagoniza entonces -decía- cada letra de sus tangos de tal forma, que tal vez el público termina asimilando la interpretación con la realidad, o con su fantasía de la realidad, que para el caso da lo mismo, desde luego que no en el plano consciente.

Porque esa fusión de Gardel con los cientos de personajes que se transfiguraban en su interpretación, más allá, mucho más allá de las intenciones de los músicos y de los letristas, constituye un fenómeno no explicado aún.

Por eso muchos hablan de los tangos “de Gardel”, refiriéndose a cantidad de tangos que no le pertenecen como autor, pero que, ciertamente, él los hizo. ¿O es que se duda, acaso que, por citar algunos, “Viejo Smoking”, de Barbieri y Flores, o “Yira,yira” o “Chorra”, de Discépolo, o “Barrio reo”, de Fugazot y Navarrine, no son de él, tanto o más que de quiénes los imaginaron?

No siempre se entiende que la gran mayoría de esas piezas fue conocida por Gardel sin modelo previo. No las escuchó antes, y si lo hizo fue para cambiarlas y hacerlas como debían -y deben- ser. Las tradujo en su cabeza, como el arquitecto que imagina la cúpula fenomenal o la columnata asombrosa mirando un terreno baldío. Estas canciones no eran. No pasaban de unas hojas de papel, que debían ser asimiladas en abstracto, y darles forma definitiva en la interpretación. Podemos comparar ciertos tangos, grabados dos o tres veces por Gardel, en los que se nota los cambios sutiles efectuados a través del tiempo, siempre para mejor. Por eso se afirma, con razón, la condición de co-autor de Gardel de todas esas piezas que no llevan su firma. Daré un ejemplo: “Callejera”, tango de Cadícamo y Frontera. La letra dice en un pasaje “...va diciendo ese taquear, que tenés de milonguera, callejera, callejera, adónde irás a parar...Y ese empilche que llevás, etc,etc...” Bien, entre la palabra “parar” y “Y ese empilche...” hay un puente sonoro (calderón) que une las dos frases, y que Gardel inventa, ya que, desde luego, esas notas no están escritas en el pentagrama. Es irreproducible. Algunos, penosamente, y para su desmedro, lo han intentado. Otra: En “Silbando”, el conocido tango de González Castillo, Piana, y Cátulo Castillo, en donde dice : “Y desde el fondo del dock, gimiendo en lánguido lamento”apreciamos cómo descompone la palabra “lamento” para transformarla en “la-me-en-to”, y ese breve toque, una especie de rulo casi imperceptible para el oído inexperto, es el que marca la diferencia.

La mayoría de las piezas grabadas por Gardel no permanecían en su memoria, ya que su repertorio habitual estaba constituido por algo más de una docena de las canciones más solicitadas por el público, es decir tres  o cuatro clásicos como “Mano a mano”, “El carretero”, o “Rosas de Otoño”, y el resto era lo que estaba en boga en ese momento. Porque los tangos y los valses se producían como las medialunas en la panadería, y el éxito de un instante era suplantado inmediatamente por otro, ya que los discos se vendían en cantidades fabulosas y el público estaba siempre ávido de nuevas piezas. Así es que esos discos definitivos, eternos, que escuchamos millones de veces pasaron por las manos de Gardel para la grabación y tal vez nunca más los cantó, siempre urgido por nuevos temas, por nuevos éxitos. Los autores escribían para lograr el suceso del momento. Nadie habría pensado que todas esas cositas, esas pavadas que se largaban al barrer iban a constituir con el correr de los años una especie de testamento poético-musical-interpretativo sin parecido entre los cancioneros universales de todas las épocas.

Lo cierto es que Gardel no tuvo antecesores. Toda esa historia que atribuye a los viejos payadores una suerte de profesorado ad-hoc no pasan de ser leyendas insustentables. Hoy en día no es difícil conseguir grabaciones de Gabino Ezeiza o de Arturo de Nava. Muy poco o nada, para ser francos, tienen que ver estos precursores con Gardel.

Tampoco tuvo sucesores. Luego de la muerte de Gardel, en la que incluso muchos creyeron advertir la muerte del tango (entre ellos Enrique González Tuñón), se intentó encontrar el sucesor del cantor.(Acotación personal: No murió el tango, ciertamente. Pero para mí, y creo que para muchos, murió una forma del tango, quizás la más valiosa). Porque..., ¿habría que vivir sin Gardel?. Las revistas propiciaban votaciones populares en concursos que se seguían  fervorosamente cada semana. El auge inicial de Hugo del Carril, por ejemplo, surge de esa necesidad, e incluso filma como protagonista “La vida de Carlos Gardel”. Otros lograron una acartonada imitación y tuvieron momentáneo éxito, ya que el recuerdo popular los asociaba con la imagen del cantor, a quien se intentaba homenajear aplaudiendo a quien perpetuara, aún de tan modesta manera, su figura y su repertorio. Pero, más allá de las dotes vocales e interpretativas de los diversos cantores que acometieron la empresa, desde hace muchos años sabemos que, en más de un sentido, el lugar que ocupa Gardel en la memoria y en el corazón de los pueblos no es compartible. Es decir, se comparte  exclusivamente con sí mismo. El personaje de la leyenda, de las fotos, de las anécdotas y de los glosadores, está acompañado del otro, del cantor, de ese que escuchamos todo el tiempo, que canta tan fácil, tan sencillo, con esa angustiante tensión de la simplicidad, y que además tiene tiempo, entre frase y frase, de darle una chupada al mate o una pitada al cigarrillo.

El sucesor de Gardel es Gardel.

Enrique Espina Rawson
Extraído de “Disparen sobre Gardel – Toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad” – Editions de la Rue du Canon d’Arcole, 2006.


Comentarios de usuarios

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Escrito por Xime el sábado, 03 de marzo de 2007

No puedo dejar de celebrar, su modo sencillo y pedagógico para ilustrar un aspecto distintivo en el cantar de Gardel a través de los tangos ?Callejera ?y ?Silbando?. No dude en buscarlos y centrar mi escucha en las frases aquí destacadas. Penetrar en el estilo de Gardel y en su canto es un aporte valioso.




Escrito por ebinda el viernes, 23 de febrero de 2007

Excelente extracto, que comparto plenamente, en el cual se puntualiza con acierto QUE fue Gardel, POR QUE aun sigue siendolo, LA IMPOSIBILIDAD de que alguien pueda llegar a ser su sucesor, etc.
Gardel es como Arolas: solo ellos pudieron ser lo que fueron y darnos lo que nos dieron.


 
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