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Autor Tema: Enseñanza y aprendizaje - El alumno.  (Leído 643 veces)
Ventarrón
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« en: Abril 12, 2007, 09:34:37 »

El segundo elemento a considerar en el “hecho educativo” que subyace a la enseñanza del tango, es el alumno o aprendiz.

Cuando en otro epígrafe nos referimos al “maestro”, explicamos que este debía aunar a la formación técnica necesaria, vocación, don de comunicación y capacidad de transmitir conocimientos, importantes dosis de paciencia, dedicación y generosidad.

El alumno también debe aportar paciencia y dedicación, pero, además, una dosis abundante de humildad. El profesor debe ser generoso para dar lo mejor que tiene. El alumno debe ser humilde para reconocer que hay algo que no tiene y desea recibirlo de su maestro.

Un aspecto importante es que cuando se ha elegido un profesor, y se lo ha elegido a conciencia, los cuestionamientos están demás. Muchas veces no entendemos muy bien el porqué el profesor nos enseña de determinada forma, pero quizás esto se deba a que no sabemos demasiado de la materia que se trate. La elección de un maestro es, especialmente cuando damos nuestros primeros pasos en la disciplina que fuere, un acto de fe, y la fe es la esperanza de lo que no se ve.

Debemos dar tiempo al profesor, con la convicción que así forma nos estamos dando tiempo a nosotros mismos. He aprendido a desconfiar de los resultados inmediatos, y particularmente un bailarín no se hace de la noche a la mañana. Aquí entran a jugar, desde el lugar del alumno, la paciencia y la dedicación.

A la hora de las elecciones, siempre conviene tener en claro el qué, el cómo, el porqué, y su primo hermano, el para qué.

Por supuesto que a la hora de aprender a bailar tango, corresponde al alumno el porqué y el para qué, dejando para el profesor el cómo.

El tener bien en claro cuáles son nuestros reales objetivos al comenzar nuestro aprendizaje, será de mucha ayuda a la hora de elegir profesor, adecuando su perfil a nuestras necesidades. No en vano dice Robert Fisher en su excelente libro El Caballero de la armadura oxidada: “... Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”.

El aprendizaje ha de tomarse con seriedad, constancia y aplicación. Esto hace eficiente la enseñanza, toda vez que se cuente con un buen profesor.

Un tema conflictivo es el de los ejercicios de técnica (mecanización de movimientos, postura, equilibrio), que pueden tornarse aburridos y repetitivos. Pues bien, SON IMPRESCINDIBLES. Por supuesto que todos queremos bailar de entrada, y esta tendencia constituye una tentación para los profesores, especialmente aquellos facilistas o temerosos de perder “el cliente”, que terminan convirtiendo la clase en una milonga. Pero también es síntoma de responsabilidad por parte del alumno, el no inducir al profesor a estas soluciones de compromiso, que flaco favor le hacen.

Parece superabundante señalar que no se debe faltar a clase, y menos que menos llegar tarde, en mis épocas de alumno, en la disciplina que fuese, siempre tuve en claro que quien carece de los conocimientos, no puede llegar al aula después de aquel que viene a compartirlos.

Un último párrafo para “la curiosidad”. Cierto premio Nóbel argentino atribuía a la curiosidad una parte sustancial de sus logros. Vale decir que siempre es útil el acto de introspección que nos lleva a preguntarnos el porqué las cosas son como son o se hacen como se hacen. Esto no es cuestionar. Muy por el contrario, enriquece. Por lo tanto, en materia de tango, recomendamos observarlo todo, analizarlo todo y, como dice la Biblia, retener lo bueno.

Un afectuoso saludo para todos.
Ventarrón.
TangueroZarzuelero
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« Responder #1 en: Abril 12, 2007, 23:22:10 »

Muy noble esta exposicion,estoy deacuerdo en casi todos los puntos.
Pero en lo que no estoy deacuerdo es en que siendo principiante uno deba confiar ciegamente en el maestro que ha elegido.Muchas veces ese primer maestro no viene de una busqueda especifica sino de una recomendacion de un amigo,o porque simplemente uno se ha decidido a entrar en contacto con el primer profesor que habia por su barrio o en su pueblo,etc.
Para mi es claro que alguien que puede ser un muy buen profesor para mi,puede no serlo para mi amigo o viceversa.
En otras palabras,creo que el alumno debe estar dispuesto a,si ve que por ejemplo su interes esta disminuyendo,replantearse si fuera necesario cambiar de profesor y probar y observar.

saludo
ALB
Ventarrón
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« Responder #2 en: Abril 13, 2007, 08:59:03 »

Amigo TangueroZarzuelero:

Un gusto compartir contigo... Ante todo, gracias por tu generosa opinión...

En segundo término, refiriéndome específicamente a tu objeción, te señalo que yo no hablé de "confiar ciegamente"... yo creo que no deberíamos confiar ciegamente en nadie... Dice la Biblia algo así como "maldito el hombre que confía en el hombre"... y conste que no estoy haciendo proselitismo religioso (risas), sino rescatando una frase que me parece acorde a la plática...

Lo que yo he dicho es que la elección debe ser "hecha a conciencia", no "al boleo" o porque se trata del primer profesor que contactó, como tú dices...

Va de suyo que si se da una circunstancia como la que señalas, lo mejor es emigrar y, la próxima vez, ser un poco más selectivo a la hora de escoger enseñante...

Un cordial abrazo.
Ventarrón.
LSantinelli
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« Responder #3 en: Abril 13, 2007, 14:10:39 »

El alumno aprende a bailar(sobretodo el principiante) porque sospecha e incluso observa en los demás que es una actividad lúdica, fomentadora de vínculos sociales y afectivos,etc... No es extraño entonces que el este apurado en aprender cuanto antes para poder ir a la milonga a bailar.
El alumno esta "cegado" por las promesas de obtener algo que desea. Y es lógico que tenga tendencia a valorizar la práctica muy por encima de la técnica. Ahora bien, es muy dificil en el principio del aprendizaje resistir la tentación de no ir a practicar apesar de no tener todavia bien afianzados los pilares técnicos fundamentales. Creo que es responsabilidad del profesor en este caso repetir y repetir y repetir una y mil veces al alumno la importancia de la tecnica. Si no lo hace, el alumno naturalmente la desvalorizará y a la primera oportunidad,decidirá que ya no necesita seguir aprendiendo excepto en la milonga.

Leo
Ventarrón
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« Responder #4 en: Abril 14, 2007, 09:32:49 »

Señor Santinelli:

De acuerdo en este punto.

Saludos.
Ventarrón.
Sel
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« Responder #5 en: Abril 17, 2007, 14:10:28 »

Creo que en la sociedad en la que estamos hay una tremebunda desesperación y ansiedad por tener todo YA. Nada es perseverancia, todo se puede adquirir con el dinero.
Creo que si el maestro se merece ese título es porque más allá de enseñar los pasos, la técnica, puede dejar algún tipo de enseñanza más profunda (siempre la deja, no siempre consciente).
Claro que uno no se da cuenta como alumno de la alienación en la que se encuentra, entonces quizás va a una clase en donde hay que bajar un cambio y "es aburrida" o falta de energía.
Creo que el baile es arte, y el arte es lo contrario a la alienación, pero es difícil dejar de tratar de ser un sujeto productivo a la hora de la clase...
Ventarrón
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« Responder #6 en: Abril 18, 2007, 08:23:54 »

Estimada Sel:

Muy interesantes y certeras estas dos afirmaciones tuyas:

Citar
si el maestro se merece ese título es porque más allá de enseñar los pasos, la técnica, puede dejar algún tipo de enseñanza más profunda
Esto diferencia a un maestro de un enseñante... claro que "profesores" hay muchos, y "maestros" muy, muy pocos...

Citar
Creo que el baile es arte, y el arte es lo contrario a la alienación
Ajustadísimo concepto.

Saludos.
Ventarrón
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